Naves: Tolder pionera en el sistema hinchable

La empresa española de arquitectura textil Tolder forma parte de la  historia de los avances tecnológicos dentro del sector. Fue la primera en construir naves hinchables, superando a sus maestros, los alemanes.

La historia comienza en la década de los años 60 del siglo pasado. Por entonces, Tolder tenía como socio al Sr. Sedó, que también fabricaba toda la lona que consumía la empresa para confeccionar los encargos de los clientes.

Según cuenta el presidente de Tolder, D. Fausto Saavedra: “Sedó nos puso en contacto con la empresa multinacional alemana Hoechst, que producía la fibra de poliéster Trevira con la que nuestro socio fabricaba la lona. Se trataba de un tejido muy fuerte y ligero, que una vez recubierto con policloruro de vinilo la hacía prácticamente estanca al agua e, incluso, al aire”.

Este nuevo producto abrió un gran abanico de posibilidades para construir grandes cubiertas, empezando por las naves hinchbles.

Alemania: la Meca de la tecnología

Los responsables de Tolder viajaron hasta Alemania para conocer, en vivo y en directo, a la propia Hoechst dónde les enseñaron sus instalaciones. También se trasladaron a Francia, concretamente a Poissy, muy cerca de París, dónde pudieron ver algunos de sus trabajos.

Fueron días de investigación y descubrimientos a través de numerosas visitas. Fueron recopilando información para poder levantar en España esos vanguardistas edificios de lona capaces de cubrir grandes superficies, sustentados por aire a presión. Y así fue.

Vuelta a España

La delegación de Tolder regresa a España con la cabeza llena de ideas y posibilidades. La teoría era muy sencilla: con una pequeña presión, una lona de enormes dimensiones se podía mantener levantada y soportar grandes vientos.

Pero la realidad presentaba grandes retos técnicos que superar. Por ejemplo, el despiece de los paños, para que una vez construida la cubierta adoptara la forma prevista. También los motores que debían dar la presión interior. Y, sobre todo, un asunto importantísimo, especialmente en las naves de una sola capa: el anclaje por cimentación o lastre.

D. Fausto Saavedra recuerda que “Dada la complejidad de los temas a los que teníamos que enfrentarnos tuvimos que recurrir a técnicos de grado superior. Eran las personas capacitadas para poder calcular las formas en que teníamos que cortar los paños para que, una vez empalmados, tomaran la forma adecuada, además del tamaño, presión, volumen de aire de los motores y las cimentaciones.

Contratamos primero a un ingeniero de caminos, pero también los técnicos superiores tenían que adaptarse a las nuevas tecnologías. Por ejemplo, las cimentaciones que trabajan al contrario que las tradicionales; no a compresión sino a tracción.

Respecto a los motores que movían los ventiladores que impulsaban el aire a presión al interior de la nave, había un abanico de posibilidades inmensas. Los había helicoidales y centrífugos, y dentro de estos dos tipos una gran variedad. Tuvimos que recurrir a distintos fabricantes, afortunadamente había muchos porqué eran los mismos que hacían las instalaciones de aire acondicionado. Los técnicos de estas fábricas nos enseñaron mucho”.

Posteriormente, contactó con Tolder un arquitecto que estaba entusiasmado por las estructuras textiles. Con él en el equipo, la empresa fue capaz de realizar auténticas filigranas en la especialidad.

Comienzan las grandes obras y los reconocimientos

En Sondika, Bilbao, Tolder realiza el techo de un edificio que albergaba un polideportivo. Era tal la presión que tenía que tener la lona porqué era casi plana que se hizo necesario fabricar una red de cables. Según su presidente “ Fue un alarde de ingeniería. Se tuvieron que hacer unas piezas especiales en acero inoxidable para sujetar el cruce de los cables. Una vez terminado parecía un enorme colchón. Resultó espectacular”.

Después, fabricaron e instalaron en Sevilla el complejo de naves hinchables más importante del mundo. Y es que así lo reconoció la revista norteamericana Forbes concediendo un premio al diseñador, el arquitecto José Miguel Prada Poole.

La obra estaba formada por dos enormes cúpulas encajada la una en la otra y sujetas entre sí por una enorme cremallera impermeable de casi 100 metros fabricada en una empresa especializada de Alemania. Además, para mantener la forma de las dos semiesferas, se tuvo que poner por encima un cable de acero de más de 30 milímetros de grosor y casi 100 metros de largo. Esto representaba un peso tan  enorme que parecía imposible que tan poca presión lo pudiera levantar.

Las dos grandes semiesferas  estaban rodeadas de otras cúpulas más pequeñas, conectadas a su vez por unos túneles también hinchados. “Este fue otro alarde, que se construyera todo un complejo de edificios sustentados por aire a muy baja presión, no superior a 25 milímetros de columna de agua”, asegura D. Fausto.

Otra obra memorable fue el almacén realizado para Astilleros Españoles, S.A., en Puerto Real, Cádiz. Medía más de 100 metros de largo, con una cimentación de 1.50 de alta para que los camiones que evolucionaran dentro no rompieran la lona. Llevaba dos puertas, tipo exclusa, que permitían entrar y salir a los transportes comerciales de gran tamaño.

También fue un almacén de grandes dimensiones, el que tuvieron que realizar para Bayer Hispania Comercial S.A., en San Joan Despí, Barcelona. Este trabajo proporcionó a Tolder muchas satisfacciones y felicitaciones por su resistencia. La nave aguantó perfectamente un vendaval con vientos de velocidad superior a los 120 kilómetros hora.

Incluso sus maestros, la empresa alemana Hoechst, les encargó una nave hinchable para instalarla en la capital catalana. Fue todo un reto. Debía tener paredes verticales, algo difícil de conseguir ya que la cúpula era muy baja y la tensión de la lona enorme. Esto obligó a que la barandilla para soportar las paredes verticales, de 2 metros de altura, se tuviera que fabricar con vigas de doble T de 30 centímetros.

Continúan los encargos, incluso de Dalí

Antes y después de estas obras espectaculares, se construyeron e instalaron naves hinchables en muchos lugares de España. Se requerían, principalmente, como almacenes de todo tipo y piscinas.

Tolder realizó cubiertas para piscinas en Mallorca, Cataluña, Madrid, la Academia de los GEO de la Policía en Guadalajara, y el cubrimiento de una piscina muy especial, con doble capa de aislamiento, en la Academia de Suboficiales de Talarn, en Lérida.  Dado el sitio en el que estaba ubicada, con bajas temperaturas en invierno, era imprescindible calentar el ambiente a una temperatura muy alta para soportar las inclemencias del clima pirenaico, y se consiguió.

Fueron encargadas a Tolder multitud de cúpulas y naves de toda índole. Pero tuvo una significación especial la esfera encargada por el genial artista Salvador Dalí y ubicada en Cadaqués. También tuvo gran trascendencia, por lo que significaba de reconocimiento internacional, la esfera realizada para una feria celebrada en Riad, Arabia Saudí.

Con el paso del tiempo, las naves hinchables han servido de inspiración para otro tipo de obras, como la construcción de encofrados para construir silos.

Una empresa capaz de superar todos los retos

La fábrica española llegó a tener una experiencia tan importante en ese tipo de estructuras hinchables que durante una entrevista con la cúpula técnica de la todopoderosa multinacional alemana Krupp Universalbaum demostraron que la tecnología germana se había quedado obsoleta frente a la de la empresa española. Toda una satisfacción.

El presidente de Tolder recuerda aquella experiencia señalando que “Nos adaptábamos a las necesidades de nuestros clientes resolviendo los grandes problemas que se presentaban a la hora de calcular las resistencias y los costes. Sin embargo, tirábamos hacia delante con todo el valor que ponía en el empeño la dirección de nuestra empresa.

Fue una época muy interesante, con mucho trabajo personal y mucha responsabilidad. Tratábamos con empresas muy importantes y en obras que también lo eran.

Queremos demostrar por lo anteriormente contado que nuestra empresa es capaz de afrontar cualquier reto técnico. Ahí queda eso

por D. Fausto Saavedra presidente de Tolder

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